miércoles, 25 de enero de 2012

¿Qué se nos pasa por la cabeza cuando acudimos al médico?

En toda relación médico-paciente, la comunicación es fundamental, ya que permite una relación más fluida, mayor sinceridad y confianza. Aspectos que mejoran la clarificación de un diagnóstico, seguimiento del tratamiento, etc. En definitiva, mejora el proceso de intervención médica.
Uno de los aspectos a tener en cuenta en el proceso de comunicación hace referencia a las características de los interlocutores. En este caso, vamos a centrarnos en el paciente, en cómo determinadas situaciones producidas en la consulta de un médico pueden influir en la comunicación y, por tanto, en la relación médico-paciente. Concretamente, nos vamos a centrar en las dos siguientes:
  1. Finalidad de acudir a consulta. Entre otros, podemos acudir al médico: a) para hacernos un chequeo, b) porque tenemos alguna dolencia o malestar y c) para hacernos un seguimiento de la dolencia/enfermedad.
  2. La información previa. Vivimos en una sociedad donde la información es plenamente accesible. Esto hace que, en muchas ocasiones, los pacientes acudan a consulta con ideas, creencias que, en algunos casos, pueden ser correctas y en otros casos, pueden no serlo.

¿Cómo pueden afectar estas cuestiones al proceso de comunicación?.
1.       Finalidad de acudir a consulta.
a)       Chequeo médico: En general, cuando acudimos al médico para hacernos un chequeo vamos con cierta tranquilidad, pensando que es algo rutinario que debemos hacer. Básicamente el motivo es la prevención. En esta situación, los pacientes vienen tranquilos, pero con una creencia en la cabeza: la ILUSIÓN DE INVULNERABILIDAD. Este sesgo cognitivo, consistente en creer que estamos en cierta medida protegidos de las cosas malas, puede dificultar que el paciente atienda a las palabras del médico (ej: “Bah, a mi eso no me va a pasar, estoy hecho un toro”) y, por tanto, a la realización de acciones preventivas (eg: bajar el colesterol, hacer ejercicio físico, etc.). Es importante tenerlo en cuenta e intentar solventarlo. ¿Cómo? Explicándole al paciente que es una creencia irracional, que todos la tenemos y que, al fin y al cabo, más vale prevenir que curar. Lógicamente, el paciente hará lo que quiera, pero por lo menos la información está dada.

Pero, ¿y si los resultados del chequeo no son buenos?. En esta situación, la información dada por el médico choca frontalmente con las creencias del paciente (ej: “Pero como voy a estar enfermo, si me encuentro genial, no me duele nada”), produciendo una fuerte INCOHERENCIA entre lo que me dicen y lo que pienso. Según la Tª de Festinger (1957), esta inconsistencia generará en el paciente una sensación de incomodidad, de angustia, necesita acoplar ambas informaciones sea como sea, y para ello, es importante dejarle unos minutos. Si no podemos dejar ese tiempo, y empezamos a hablar, es importante no dar información relevante sobre el proceso a seguir, ya que seguramente el paciente no estará centrado en las palabras del médico sino en sus pensamientos, por tanto, todo lo que se diga en ese momento no será escuchado.

Cuando todavía está asimilando la noticia, el paciente empieza a sentir INCERTIDUMBRE, miedo a lo desconocido (ej: “¿qué pasa ahora, qué tengo que hacer?”). Es una sensación desagradable ya que perdemos el control de la situación, nos ponemos muy nerviosos y queremos salir de esta situación lo antes posible. Para ello, la obtención de información nos puede ayudar, ya que reduce la incertidumbre. El médico puede conseguirlo, facilitando información sobre los pasos a realizar, desdramatizando los resultados (ej: “no hay que ponerse en lo peor, gracias a la revisión hemos visto que algo no está bien y por precaución vamos a estudiarlo”, etc.).

b)       Dolencia o malestar: Cuando acudimos al médico por algún tipo de dolencia o malestar vamos con cierta preocupación e interés por saber lo que tenemos y por curarnos. Es, en este caso, cuando la atención del paciente se centra sobremanera en las palabras del médico:
                           i.      Si éste le dice qué tiene y cómo curarse, la preocupación disminuirá.
                         ii.      Si el médico no tiene claro lo que tiene, el paciente empezará a sentir INCERTIDUMBRE, sensación de descontrol, por tanto, su atención se verá disminuida (véase el apartado anterior).
                        iii.      Si el médico le dice qué tiene pero que no hay cura, se producirá INCOHERENCIA (recordemos la ilusión de invulnerabilidad) entre lo dicho por el médico y las creencias del paciente, INCERTIDUMBRE (“qué voy a hacer ahora”) y NEGACIÓN (“no me puede estar pasando esto a mí”) del hecho. Esta última sería la primera fase del proceso de duelo (este tema será tratado en otros artículos más adelante).
En este caso, lo mejor es dejar unos minutos para asimilar la información y si no se puede, dar información no relevante en ese tiempo.

c)       Seguimiento de una dolencia/ enfermedad: Cuando acudimos al médico para hacer un seguimiento de nuestra dolencia o enfermedad, vamos con la sensación de que nos están examinando, si aprobamos está bien pero si no, puede haber problemas. Y como todos los que hemos sufrido algún examen, sabemos que vamos a él con nerviosismo, y en este caso, en donde algunas cosas no están bajo nuestro control (ej: que se reproduzca un tumor), ese nerviosismo aumenta (INCERTIDUMBRE). Esta necesidad de saber si el examen está aprobado o no, nos hace entrar a la consulta en un estado de HIPERVIGILANCIA (los recursos atencionales están sobreutilizados por lo que se producen déficits), por lo que seguramente no hayamos escuchado toda la información correctamente (ej: centrarnos en unos datos y no en otros). En este caso, es importante que los primeros minutos de consulta sean para rebajar ese grado de nerviosismo y proporcionar la información lo más clara posible, evitando que haya equívocos. Y tanto si la información es buena o mala, dejar unos minutos para asimilar dicha información, ya que:
                           i.      Si la información es buena, el paciente notará una sensación de ALIVIO y de tranquilidad que le impedirán estar atento a las palabras del médico.
                         ii.      Si la información es mala, el paciente experimentará una sensación de ANGUSTIA y empezará a pensar en lo que lleva pasado y en lo que tendrá que pasar, no atendiendo a las palabras del médico.
Si no se puede dejar ese tiempo, hay que tener en cuenta no decir cosas relevantes para el proceso.

2.       Información previa.
Como hemos visto en el apartado anterior, cada vez que acudimos al médico suele haber una sensación común: la INCERTIDUMBRE, el miedo a lo desconocido. Vamos a consulta porque no sabemos qué nos pasa, por qué nos duele algo, qué supone la dolencia que tenemos, etc.

Actualmente, gracias a Internet y por desgracia, a la alta incidencia de determinadas enfermedades, tenemos más accesible la información médica. Por lo que, cuando desconocemos algo que nos genera tensión, acudimos a ellos, reduciendo de esa forma, la incertidumbre y el nerviosismo generado y aumentando nuestra  percepción del control de la situación.

Por tanto, en muchos casos, cuando se acude a consulta, los pacientes van con una información previa de su dolencia. Esta información puede ser correcta o no. Pero ¿cómo tratar esa información?.

Posiblemente la solución no es impedir que se consulte Internet, ya que, en ocasiones, es el entorno el que aporta la información. Más bien, la solución sería preguntar al paciente si sabe algo de su dolencia, si ha consultado en algún sitio. Si es que no, proporcionar la información. Si es que sí, resolver las dudas y/o completar la información. De esta forma, se evitaría que la información previa dificultara la relación médico-paciente.

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