La adolescencia es una etapa de transición entre la infancia y la adultez. Los niños y niñas dejan de serlo para empezar a convertirse en jóvenes adultos. Esta transición comienza con la pubertad, período en el que los cambios fisiológicos y morfológicos experimentados por niños y niñas, les indica a ellos y a nosotros que están haciéndose mayores.
Pero ¿por qué es tan complicada la adolescencia?.
En primer lugar, en poco tiempo se producen muchos cambios corporales (las niñas empiezan a tener curvas, los chicos empiezan a estirarse rápidamente, les cambia la voz, etc.), lo que hace que haya una incongruencia entre la imagen corporal que tienen los adolescentes de sí mismos con el cuerpo que ven en los espejos. Es decir, tienen que ajustar su imagen corporal a esos cambios, y esta adaptación requiere tiempo. Un ejemplo bastante ilustrativo es cuando vamos a la peluquería a hacernos un cambio de look y durante los primeros días no nos reconocemos en el espejo.
En segundo lugar, se amplían las distancias entre padres e hijos a favor de los amigos. Es decir, en esta época, son los amigos los que ejercen mayor influencia en los hijos. En cambio, parece que los padres no influyen. Pero esto no es así, los padres pueden influir en sus hijos adolescentes. ¿Cómo?. Si queremos que los hijos tengan en cuenta nuestros comentarios, es importante que los padres hagan lo mismo. Es decir, que pregunten la opinión a sus hijos y que las valoren, aunque sean contrarias.
En tercer lugar, los adolescentes demandan más libertades; entienden que ya son mayores y, por tanto, que pueden tomar decisiones por sí solos.
Aquí es importante, la actuación de los padres. Todos queremos que los hijos sean responsables, pero realmente ¿les damos responsabilidades?, ¿les dejamos que tomen decisiones?. Cuando toman decisiones, ¿dejamos que acarreen con las consecuencias que conllevan?.
Por ejemplo, ante la siguiente situación: un adolescente que tiene de paga mensual de unos 80 euros, decide ir a un concierto que cuesta 60 euros, pero no tiene nada ahorrado.
En este caso, se podrían dar los siguientes casos:
a) El adolescente puede decidir ir al concierto y asumir que no podrá salir algún fin de semana; o no ver el concierto, pero sí salir todos los fines de semana. Es decir, las consecuencias de esa decisión son para el adolescente.
b) El adolescente decide ir al concierto pero no está dispuesto a quedarse en casa ningún fin de semana, por tanto, le pide a los padres el dinero para el concierto y éstos se lo dan. Las consecuencias, por tanto, son para los padres.
Cuando las consecuencias de las decisiones son para la persona que toma la decisión, ésta aprenderá a asumir la responsabilidad, en este caso, que para conseguir algo tienes que esforzarte (por ejemplo, ahorrar). En cambio, cuando las consecuencias de las decisiones tomadas por los adolescentes son asumidas por los padres, estamos impidiendo que se responsabilicen de sus decisiones. Por tanto, aprenderá que, cuando tenga un problema vendrán sus padres a resolverlo.
Esta última forma de actuar es muy frecuente en la actualidad. Muchos padres por el afán de proteger a los hijos, no les dejan tomar decisiones y si las toman equivocadamente, ellos asumen las consecuencias. Pero esto no significa quererles más, de hecho, es un flaco favor el que se les hace.
Si bien, ningún padre quiere que sus hijos lo pasen mal, se disgusten, etc., debemos ayudarles a hacerse mayores y esto se consigue dejando que tomen decisiones, que se responsabilicen de ellas y que asuman los errores cometidos.
Pero, ¿los adolescentes deben tomar todas las decisiones por sí solos?.
Por supuesto que no. La toma de decisiones libre debe ser progresiva. Al comienzo serán los padres los que tomen las decisiones, para ir dejando que poco a poco vayan participando los hijos. Primero, dando su opinión y luego, directamente decidiendo ellos.
Pero, ¿qué decisiones deben tomar los hijos y cuáles los padres?.
Los adolescentes deberían tomar todas aquellas decisiones relacionadas con su futuro: elección de asignaturas o itinerarios formativos, realización de actividades extraescolares, etc. Esto no quita para que los padres opinen y orienten a sus hijos.
Por el contario, aquellas decisiones relacionadas con normas, horarios, etc. deben ser tomadas con los padres aunque escuchando la opinión de los adolescentes.
En resumen, es conveniente que de forma progresiva, la toma de decisiones vaya pasando del control parental al control de los adolescentes, dejando que asuman sus responsabilidades y apoyándoles en todo momento, especialmente, en los errores.
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